Eso también nos pasa: explicar una vez más… o respirar profundo

Volver a explicar una y otra vez es una experiencia docente común. Pero quizá detrás de ella hay más de lo que vemos inicialmente.

Hay momentos en el aula donde una pregunta comienza a aparecer silenciosamente.

¿Lo vuelvo a explicar?

Porque acabas de hacerlo hace unos minutos.

Diste ejemplos.
Aclaraste dudas.
Volviste a las instrucciones.
Comprobaste que aparentemente todo estaba claro.

Pero entonces aparecen las mismas preguntas.

Otra vez.

Y en algún punto ya no sabes si el grupo necesita una nueva explicación… o si tú necesitas respirar profundo antes de responder.

Es una escena cotidiana.
Tan cotidiana que muchos docentes la hemos vivido más veces de las que podemos contar.

Y quizá por eso vale la pena detenernos un momento.

Porque detrás de esa frustración aparentemente pequeña pueden estar ocurriendo muchas más cosas de las que vemos a simple vista.

A veces el momento más difícil no es volver a explicar. Es no saber por qué la explicación parece no estar llegando.

Cuando las mismas dudas vuelven a aparecer

La escena suele ser bastante reconocible.

Explicas una actividad.

El grupo parece seguirte.

Algunos asienten.

Otros toman notas.

Preguntas si existen dudas.

Nadie dice nada.

Y cuando llega el momento de trabajar aparecen nuevamente preguntas sobre exactamente lo mismo que acababas de explicar.

Entonces vuelves a aclarar.

Y poco después las dudas reaparecen.

En ese momento muchos docentes sentimos una mezcla muy particular de emociones:

  • frustración,
  • cansancio,
  • desconcierto,
  • e incluso una ligera desesperación.

Porque la situación comienza a sentirse repetitiva.

Y cuando algo se repite varias veces, es fácil pensar que el problema debería ser evidente.

Pero quizá no siempre lo es.


La interpretación rápida que solemos hacer

Cuando estas escenas ocurren, muchas veces construimos explicaciones inmediatas.

Pensamos:

  • “No están poniendo atención.”
  • “No escuchan.”
  • “No quieren esforzarse.”
  • “Ya lo expliqué demasiadas veces.”
  • “Estoy perdiendo el tiempo.”

O incluso:

  • “Tal vez no sé explicarlo.”

Son interpretaciones comprensibles.

Aparecen rápido.

Casi automáticamente.

Porque cuando sentimos frustración, nuestro cerebro suele buscar explicaciones rápidas para darle sentido a lo que está ocurriendo.

Sin embargo, muchas veces estas primeras interpretaciones reducen fenómenos complejos a una sola causa.

Y quizá ahí es donde dejamos de ver otras posibilidades. Porque también es necesario preguntarse ¿Qué pasa emocionalmente cuando sentimos que nadie está comprendiendo?


Lo que quizá no estamos viendo

No todas las personas comprenden mientras escuchan.

Algunos estudiantes necesitan:

  • hacer,
  • probar,
  • equivocarse,
  • observar ejemplos,
  • o enfrentarse directamente a la tarea para descubrir qué es lo que todavía no entienden.

A veces las dudas no aparecen durante la explicación porque la dificultad todavía no es visible para quien aprende.

Solo emerge cuando intenta actuar.

También puede ocurrir que:

  • el lenguaje utilizado resulte familiar para el docente, pero no para el estudiante,
  • existan conocimientos previos que estamos dando por sentado,
  • haya inseguridad para reconocer dudas públicamente,
  • o simplemente exista cansancio, ansiedad o saturación cognitiva.

Porque comprender no siempre ocurre en el momento en que alguien escucha.

Muchas veces comienza a construirse cuando intenta hacer algo con aquello que escuchó.

Y esa diferencia puede cambiar profundamente la forma en que interpretamos ciertas situaciones del aula.


La tensión docente detrás de la escena

Lo que vuelve particularmente difícil esta experiencia no son únicamente las dudas del grupo.

También es lo que empieza a ocurrir dentro de nosotros.

Porque llega un momento donde sentimos que estamos repitiendo una y otra vez las mismas explicaciones.

Y entonces aparece una pregunta incómoda:

“¿Qué más puedo hacer?”

Quizá por eso esta escena genera tanto desgaste.

Porque toca algo muy profundo de la experiencia docente:
el deseo genuino de ayudar a comprender.

Cuando sentimos que eso no está ocurriendo, fácilmente aparece frustración.

Y a veces también culpa.

Como si cada dificultad de comprensión tuviera necesariamente relación con nuestra capacidad para enseñar.

Pero esta experiencia no le ocurre únicamente a un docente.

Nos pasa a muchos.

Porque enseñar implica convivir constantemente con procesos que no siempre son visibles, lineales ni inmediatos.

Suscríbete y forma parte de esta comunidad docente.

Preguntas para reflexionar

  • ¿Qué solemos pensar cuando las mismas dudas aparecen varias veces durante una actividad?
  • ¿Cuántas veces interpretamos falta de atención cuando quizá todavía estamos observando un proceso de comprensión en construcción?
  • ¿Qué situaciones del aula te han obligado a replantear explicaciones que parecían completamente claras?

Pequeña relectura reflexiva

Tal vez el problema no siempre es decidir si explicamos una vez más.

Quizá también necesitamos preguntarnos qué nos está mostrando el grupo cuando las dudas siguen apareciendo.

Porque una pregunta repetida no siempre significa falta de atención.

A veces señala:

  • una dificultad de comprensión,
  • una necesidad de acompañamiento,
  • una instrucción poco familiar,
  • o simplemente un proceso de aprendizaje que todavía está construyéndose.

Y quizá parte de leer el aula consiste precisamente en aprender a distinguir entre aquello que interpretamos rápidamente y aquello que todavía estamos intentando comprender.

Porque no siempre necesitamos elegir entre volver a explicar o respirar profundo.

A veces necesitamos ambas cosas.