Eso también nos pasa: la escuela que me enseñaron y la escuela que me encontré
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Muchos docentes descubren una distancia entre la escuela que estudiaron y la que viven cada día. Una reflexión sobre esa experiencia compartida.
Hay momentos en la vida docente donde aparece una sensación difícil de explicar.
Sucede cuando recordamos lo que aprendimos durante nuestra formación profesional.
Las teorías.
Las estrategias.
Las planeaciones.
Las metodologías.
Las discusiones pedagógicas.
Y después miramos la realidad cotidiana de la escuela.
Los tiempos limitados.
Las múltiples tareas simultáneas.
Los grupos diversos.
Las urgencias institucionales.
Las situaciones inesperadas que aparecen cada semana.
Entonces surge una pregunta silenciosa:
“¿Cómo se conectan estas dos escuelas?”
Porque a veces parece existir una distancia importante entre la escuela que nos enseñaron y la escuela que finalmente encontramos cuando comenzamos a ejercer.
Y quizá muchos docentes han vivido esa experiencia más veces de las que solemos reconocer.
A veces la sorpresa no es descubrir que la teoría estaba equivocada. La sorpresa es descubrir que la realidad educativa es mucho más compleja de lo que imaginábamos.
Cuando la escuela real no se parece completamente a la que estudiamos
La escena suele aparecer durante los primeros años de experiencia profesional.
Llegamos al aula con ideas, referencias y expectativas construidas durante nuestra formación.
Sabemos cómo debería funcionar una actividad.
Comprendemos ciertos principios pedagógicos.
Reconocemos la importancia de determinadas estrategias.
Pero entonces aparece la realidad.
Un grupo que responde de manera distinta a la esperada.
Un contexto que modifica las decisiones pedagógicas.
Una situación familiar que impacta el aprendizaje.
Una carga administrativa que consume tiempo.
O simplemente la sensación de que la escuela cotidiana es mucho más impredecible de lo que parecía en los libros.
Y poco a poco comenzamos a descubrir que enseñar implica navegar permanentemente entre lo ideal y lo posible.
La interpretación rápida que solemos hacer
Cuando vivimos esta experiencia suelen aparecer explicaciones inmediatas.
Pensamos:
- “La formación docente está desconectada de la realidad.”
- “La teoría no sirve.”
- “La escuela real funciona de otra manera.”
- “Todo es diferente cuando llegas al aula.”
Y aunque estas afirmaciones contienen algo de verdad para muchas personas, quizá también simplifican demasiado el fenómeno.
Porque el problema no necesariamente es que una escuela sea verdadera y la otra falsa.
Más bien parecen responder a preguntas distintas.
La formación intenta ayudarnos a comprender posibilidades educativas.
La práctica nos confronta con condiciones concretas donde esas posibilidades deben construirse.
Y esa distancia genera tensiones que muchas veces resultan difíciles de procesar al inicio de la trayectoria docente.
Lo que quizá no estamos viendo
Tal vez la sensación de distancia entre ambas escuelas surge porque durante mucho tiempo pensamos la profesión desde una lógica relativamente simple:
aprender primero y aplicar después.
Pero la experiencia docente rara vez funciona así.
En realidad, enseñar implica interpretar constantemente.
Interpretar:
- contextos,
- estudiantes,
- instituciones,
- culturas escolares,
- condiciones materiales,
- y situaciones que cambian continuamente.
Por eso muchas veces descubrimos que la práctica no consiste únicamente en aplicar conocimientos previamente adquiridos.
También implica reconstruirlos.
Adaptarlos.
Cuestionarlos.
Y volver a pensarlos frente a realidades específicas.
Quizá por eso algunos docentes sienten que existe una brecha entre formación y práctica.
No porque una invalide a la otra.
Sino porque ambas operan dentro de niveles distintos de la experiencia educativa.
La tensión docente detrás de la escena
Hay algo emocionalmente desafiante en esta experiencia.
Porque cuando la escuela real no coincide completamente con la que imaginábamos, también comienzan a moverse ciertas certezas personales.
Aparecen preguntas como:
- ¿Estoy enseñando correctamente?
- ¿Por qué esto no funciona como esperaba?
- ¿Todos los demás también viven estas dificultades?
- ¿La profesión siempre fue así?
Y muchas veces esas preguntas generan frustración.
No necesariamente porque las cosas salgan mal.
Sino porque descubrimos que la docencia requiere tomar decisiones en escenarios mucho más complejos de lo que habíamos anticipado.
Quizá por eso tantos docentes recuerdan con claridad el momento en que entendieron que enseñar no consistía únicamente en dominar contenidos o estrategias.
También implicaba aprender a habitar la incertidumbre.
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Apertura comunitaria
¿Cuál fue la diferencia más grande que encontraste entre la escuela que imaginabas y la escuela que terminaste habitando?
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué aspectos de la práctica docente te hicieron replantear ideas que aprendiste durante tu formación?
- ¿Cuántas veces interpretamos la distancia entre teoría y práctica como un problema, cuando quizá también forma parte de aprender la profesión?
- ¿Qué aprendizajes importantes te ha dejado la escuela real que difícilmente habrías encontrado fuera de ella?
Pequeña relectura reflexiva
Tal vez la distancia entre la escuela que nos enseñaron y la escuela que encontramos no debería entenderse únicamente como una falla.
Quizá también es una característica propia de las profesiones humanas.
Porque ninguna formación puede anticipar completamente la complejidad de la experiencia real.
Y ninguna experiencia profesional puede sostenerse únicamente sin marcos que ayuden a interpretarla.
Por eso quizá la pregunta no es cuál de las dos escuelas es la verdadera.
Tal vez la pregunta es cómo seguimos construyendo puentes entre aquello que aprendimos y aquello que vivimos cada día cuando enseñamos.
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