Conocer el contexto de nuestros estudiantes es mucho más que saber dónde viven
Inicio » Entre maestros » Conocer el contexto de nuestros estudiantes es mucho más que saber dónde viven
Conocer la colonia, el nivel socioeconómico o la composición familiar puede ofrecernos información importante sobre nuestros estudiantes. Pero comprender su contexto implica algo más complejo: preguntarnos cómo viven, se relacionan y participan dentro de esos espacios.
Cuando comenzamos un ciclo escolar es frecuente que intentemos conocer el contexto de nuestros estudiantes.
Preguntamos dónde viven.
Con quién viven.
A qué se dedican sus padres.
Cuál es su nivel socioeconómico.
Qué servicios existen alrededor de la escuela.
En algunos niveles educativos esta información incluso forma parte de diagnósticos, lecturas de la realidad o procesos institucionales que buscan ayudarnos a comprender las condiciones en las que ocurre nuestra práctica.
Todo eso puede ser útil.
El problema aparece cuando confundimos tener información sobre el contexto con comprender cómo nuestros estudiantes lo viven.
Saber que alguien vive en determinada colonia no nos dice automáticamente cómo se relaciona con ella.
Conocer el ingreso aproximado de una familia tampoco explica todas las oportunidades, dificultades o relaciones que experimenta un estudiante.
Incluso dos jóvenes que viven a pocas calles de distancia pueden relacionarse de maneras completamente diferentes con el lugar que aparentemente comparten.
Por eso quizá necesitamos ampliar nuestra idea de contexto.
El contexto de un estudiante no es solamente el lugar que lo rodea. Es el entramado de condiciones, relaciones, espacios, recursos y experiencias desde el que participa en la vida escolar.
Y comprenderlo requiere algo más que ubicarlo en un mapa.
A veces describimos el contexto sin preguntarnos cómo se vive
Imaginemos que necesitamos describir la comunidad donde se encuentra una escuela.
Podríamos escribir:
Zona urbana.
Nivel socioeconómico medio-bajo.
La mayoría de las familias cuenta con servicios básicos.
Existen algunos comercios alrededor.
Los padres tienen determinado nivel promedio de escolaridad.
La información puede ser correcta.
Pero todavía sabemos muy poco sobre lo que significa crecer ahí.
¿Hay espacios donde niños y jóvenes puedan reunirse?
¿Pueden caminar con tranquilidad por determinadas calles?
¿Existe transporte público suficiente?
¿Hay actividades deportivas, culturales o comunitarias?
¿Los estudiantes permanecen por las tardes en su colonia o se trasladan hacia otros lugares?
¿Quiénes forman parte de sus redes cotidianas?
¿Qué lugares evitan?
¿Qué espacios consideran propios?
¿Qué oportunidades encuentran alrededor?
Estas preguntas hacen algo importante.
Dejan de describir solamente cómo es un lugar y comienzan a preguntarse cómo es vivido por quienes lo habitan.
Esa diferencia apareció con claridad en nuestra conversación sobre Nuevas generaciones y territorio: ¿qué necesitamos conocer para comprender mejor a nuestros estudiantes?.
El territorio no es únicamente un escenario físico.
También está construido por relaciones.
Vivir cerca no significa vivir lo mismo
Una de las tentaciones más frecuentes cuando hablamos de contexto consiste en convertir características compartidas en experiencias compartidas.
Si dos estudiantes viven en la misma colonia, podemos imaginar que enfrentan condiciones semejantes.
Pero pensemos en algo tan cotidiano como llegar a la escuela.
Uno puede trasladarse en automóvil con su familia.
Otro puede caminar algunas calles y utilizar transporte público.
Otro quizá necesite acompañar primero a un hermano menor.
Otro puede desplazarse desde muy temprano porque el transporte de su zona pasa con poca frecuencia.
Todos pueden vivir relativamente cerca.
Pero la experiencia de llegar a la escuela ya es diferente.
Lo mismo ocurre con muchas otras dimensiones.
Dos estudiantes pueden tener internet en casa y disponer de condiciones muy distintas para utilizarlo.
Pueden vivir con ambos padres y experimentar relaciones familiares completamente diferentes.
Pueden pertenecer al mismo nivel socioeconómico y tener redes de apoyo distintas.
Pueden crecer en el mismo barrio y participar en espacios sociales que nunca se encuentran.
Por eso profundizaremos en Dos estudiantes pueden vivir en la misma colonia y no vivir la misma realidad.
Porque las categorías contextuales nos permiten reconocer algunas condiciones.
No nos permiten deducir automáticamente una experiencia.
El contexto también está hecho de relaciones
Cuando pensamos en aquello que rodea a un estudiante solemos imaginar elementos visibles.
La casa.
Las calles.
La escuela.
Los comercios.
El transporte.
Pero una parte importante de nuestra experiencia de un lugar está construida por las personas con quienes nos relacionamos.
Una cancha no es solamente una cancha si ahí un adolescente encuentra cada tarde a sus amigos.
Una biblioteca puede convertirse en un espacio de estudio, pero también de convivencia.
Una tienda puede funcionar como punto de encuentro.
Una actividad comunitaria puede conectar a un niño con personas que amplían sus experiencias más allá de la familia y la escuela.
También existen relaciones que producen dificultades, exclusiones, conflictos o inseguridad.
En la entrevista que dio origen a este recorrido, Ismael Jiménez insiste en mirar el territorio como un escenario de múltiples relaciones económicas, sociales, culturales e interpersonales.
Esto modifica la pregunta.
Ya no basta con:
“¿Dónde vive?”
Necesitamos acercarnos también a:
“¿Qué relaciones, oportunidades y dificultades encuentra al vivir ahí?”
No para conocer cada detalle de su vida.
Sino para evitar que una categoría demasiado amplia sustituya a la persona.
También habitamos espacios que no aparecen en el mapa
Hay otra razón por la que nuestra idea de contexto necesita ampliarse.
Nuestros estudiantes no solamente recorren calles, casas, parques y escuelas.
También habitan espacios digitales.
Participan en grupos de WhatsApp.
Siguen creadores.
Juegan con otras personas.
Construyen amistades.
Forman parte de fandoms o comunidades.
Observan discusiones.
Comparten contenidos.
Aprenden códigos, lenguajes y maneras de interpretar el mundo.
En la conversación con Ismael surgió precisamente la posibilidad de pensar la relación entre territorios físicos y virtuales: aquello que ocurre en internet puede trasladarse a la escuela y las condiciones materiales desde las que vive un estudiante también modifican su experiencia digital.
Por eso no conviene pensar ambos espacios como vidas completamente separadas.
Un conflicto puede comenzar en el salón y continuar por WhatsApp.
Una identidad puede encontrar reconocimiento primero dentro de una comunidad digital y después expresarse presencialmente.
Una amistad puede construirse con alguien que vive a miles de kilómetros.
Pero las posibilidades de participar en esos espacios siguen atravesadas por condiciones concretas.
La cultura digital amplió los territorios que podemos habitar.
No eliminó las diferencias desde las que los habitamos.
El contexto puede ayudarnos a mirar una conducta de otra manera
Aquí esta reflexión regresa directamente al aula.
Un estudiante llega tarde.
Otro no entrega.
Alguien parece cansado.
Una alumna participa poco.
Otro estudiante comienza a faltar.
Lo primero que tenemos frente a nosotros es una conducta observable.
Y necesitamos responder a ella.
Pero conocer algo del contexto puede modificar nuestra interpretación.
En la entrevista aparece un ejemplo especialmente claro: un estudiante tenía dificultades recurrentes para llegar puntualmente porque el transporte de la zona no siempre realizaba el recorrido esperado. La tardanza seguía existiendo, pero comprender las condiciones de movilidad permitía dejar de interpretarla únicamente como falta de responsabilidad.
Eso no significa que cada conducta esconda necesariamente una explicación contextual.
Tampoco que conocer una dificultad convierta automáticamente cualquier comportamiento en justificable.
Significa algo más sencillo y, al mismo tiempo, más exigente:
lo que observamos no siempre contiene toda la explicación de aquello que estamos observando.
Esta tensión continuará en Lo que parece flojera puede ser solamente lo que alcanzamos a ver.
Porque comprender el contexto no debería servir para fabricar excusas.
Debería ayudarnos a construir mejores preguntas.
Pero conocer el contexto también puede producir nuevas etiquetas
Aquí aparece una paradoja.
Intentamos conocer el contexto para evitar interpretaciones simplistas y terminamos construyendo otras.
“Es que viene de una familia desintegrada.”
“Es que es de una colonia conflictiva.”
“Es que tiene pocos recursos.”
“Es que sus papás no estudiaron.”
La información contextual puede ampliar nuestra comprensión.
Pero también puede convertirse en una nueva manera de definir anticipadamente a una persona.
Por ejemplo, conocer que un estudiante vive en condiciones económicas difíciles no nos permite asumir automáticamente que carece de apoyo familiar, que tendrá bajo desempeño o que posee determinadas actitudes.
Del mismo modo, disponer de recursos económicos tampoco significa estar libre de dificultades familiares, emocionales o relacionales.
En la entrevista aparece precisamente esta advertencia: reducir la experiencia de los estudiantes solamente a la dimensión económica puede ocultar muchas otras condiciones que también intervienen en su trayectoria.
Por eso el contexto debería ayudarnos a abrir interpretaciones, no a cerrarlas.
Conocer no es investigar toda la vida de nuestros estudiantes
Existe además un límite importante.
Hablar de conocer mejor el contexto puede producir una expectativa poco realista sobre la función docente.
No necesitamos saber todo.
Tampoco podríamos.
Incluso un docente que convive diariamente con un grupo conoce solamente algunas dimensiones de la vida de sus estudiantes.
Y eso es todavía más evidente cuando trabajamos con varios grupos y cientos de personas durante un ciclo escolar.
No se trata de convertirnos en investigadores permanentes de sus vidas.
Ni de atravesar límites personales para obtener información.
Ni de pensar que mientras más sepamos sobre alguien, mejor docente seremos necesariamente.
Se trata de construir una disposición diferente:
estar abiertos a reconocer que aquello que sabemos puede ser insuficiente para explicar lo que estamos viendo.
Eso cambia nuestra manera de acercarnos.
Podemos preguntar antes de concluir.
Escuchar cuando aparece información nueva.
Contrastar nuestra interpretación.
Reconocer cuándo estamos suponiendo.
Y revisar aquello que creíamos saber.
Comprender el contexto no significa resolverlo
También necesitamos evitar otro desplazamiento.
Si conocemos que un estudiante enfrenta problemas de transporte, dificultades económicas, conflictos familiares o alguna situación emocional, podemos comenzar a sentir que ahora necesitamos solucionarlos.
No necesariamente.
Comprender puede ayudarnos a tomar mejores decisiones dentro de nuestra práctica.
También puede permitirnos identificar cuándo necesitamos trabajar con otras personas o solicitar algún apoyo.
Pero existen situaciones que exceden nuestra capacidad individual.
Precisamente por eso hablaremos de Comprender mejor para intervenir mejor: ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad docente?.
Porque una lectura más profunda del contexto debería permitirnos distinguir mejor:
qué podemos transformar desde nuestra práctica,
en qué podemos contribuir junto con otros,
y qué necesita respuestas que no dependen exclusivamente de nosotros.
Conocer más no debería significar cargar con todo.
Nuestra mirada también tiene un contexto
Hay todavía una dimensión que solemos olvidar.
Nosotros también habitamos determinados territorios.
También tenemos una historia.
Una generación.
Una formación.
Una experiencia profesional.
Unas condiciones económicas y culturales.
Determinadas maneras de relacionarnos con la tecnología, la familia, la autoridad, el trabajo y la escuela.
Y desde ahí interpretamos.
Podemos trabajar en la misma colonia que nuestros estudiantes y habitarla de manera completamente distinta.
Podemos recorrer las mismas calles en automóvil mientras ellos las recorren caminando.
Podemos utilizar las mismas plataformas digitales y participar en mundos completamente diferentes.
Incluso haber crecido en condiciones parecidas no significa comprender automáticamente lo que otra persona está viviendo.
Por eso conocer el contexto de nuestros estudiantes también exige reconocer desde qué contexto estamos intentando conocerlos nosotros.
Nuestra mirada no viene de ninguna parte.
También está situada.
Ningún docente puede construir esta mirada completamente solo
Además, aquello que nosotros no vemos puede aparecer ante otra persona.
Un estudiante puede comportarse de determinada manera en nuestra clase y de otra completamente diferente con otro docente.
Puede contarle algo a su tutor que nunca mencionaría frente a nosotros.
Otra maestra puede haber observado una relación que desconocíamos.
La familia puede aportar otra perspectiva.
Esto significa que conocer el contexto no debería ser solamente una tarea individual.
También puede construirse mediante conversaciones profesionales.
Por eso este recorrido desembocará en Ningún maestro puede conocer solo toda la realidad de sus estudiantes.
Trabajar con otros puede ayudarnos a reconocer aquello que nuestra propia mirada no alcanza.
Aunque también tendremos que aprender a hacerlo sin convertir las conversaciones docentes en espacios donde simplemente intercambiamos etiquetas.
Comprender juntos no significa acumular juicios.
Significa contrastar miradas.
Conocer el contexto es aprender a mirar relaciones, no solamente datos
Podemos entonces precisar la idea.
Conocer el contexto de nuestros estudiantes significa comprender, de manera situada y siempre parcial, las condiciones, relaciones, espacios y experiencias que pueden influir en la forma en que participan en la vida escolar.
Los datos siguen siendo útiles.
Necesitamos saber dónde está nuestra escuela.
Qué condiciones existen alrededor.
Qué características generales tiene la comunidad.
Pero esos datos son el comienzo.
No la explicación completa.
Porque entre una condición y una experiencia siempre existe una persona que interpreta, participa, decide, se relaciona y construye su propia trayectoria.
Dos estudiantes pueden recibir condiciones semejantes y responder de manera diferente.
Dos pueden enfrentar dificultades distintas y mostrar aparentemente la misma conducta.
Y dos pueden sentarse juntos todos los días mientras habitan mundos que apenas se parecen.
Suscríbete y forma parte de esta comunidad docente.
Preguntas para seguir pensando
- Cuando decimos que “conocemos el contexto” de nuestros estudiantes, ¿qué sabemos realmente y qué estamos suponiendo?
- ¿Qué espacios, relaciones o dinámicas alrededor de nuestra escuela podrían estar influyendo en experiencias que observamos dentro del aula?
- ¿La información que conocemos sobre nuestros estudiantes está ampliando nuestras preguntas o comenzando a convertirse en nuevas etiquetas?
Reflexión final
Conocer el contexto no significa construir una explicación capaz de decirnos quién es cada estudiante.
Quizá significa exactamente lo contrario.
Reconocer que ninguna explicación aislada será suficiente.
La colonia importa.
Las condiciones económicas importan.
La familia importa.
Las relaciones importan.
Los espacios comunitarios importan.
La cultura digital importa.
La escuela importa.
Pero ninguna de esas dimensiones contiene por sí sola a una persona.
Nuestra tarea no consiste en conocer cada detalle de las vidas de nuestros estudiantes.
Consiste en evitar que aquello que conocemos se convierta demasiado pronto en una definición sobre ellos.
Podemos observar.
Preguntar.
Escuchar.
Recorrer.
Conversar con otros.
Revisar nuestras interpretaciones.
Y reconocer que aquello que hoy creemos comprender quizá necesite cambiar mañana.
Conocer mejor el contexto no debería ayudarnos a clasificar mejor a nuestros estudiantes. Debería ayudarnos a interpretar con mayor cuidado aquello que ocurre cuando sus mundos se encuentran con la escuela.
Quizá ahí comienza una lectura verdaderamente humana del aula.
Para profundizar
📌 Dos estudiantes pueden vivir en la misma colonia y no vivir la misma realidad
📌 Lo que parece flojera puede ser solamente lo que alcanzamos a ver.
📌 Comprender mejor para intervenir mejor: ¿hasta dónde llega nuestra responsabilidad docente?.
📌Ningún maestro puede conocer solo toda la realidad de sus estudiantes.







