¿Por qué reflexionar sobre la práctica transforma la enseñanza?

La experiencia docente, por sí sola, no garantiza aprendizaje profesional. Enseñar durante muchos años no significa necesariamente comprender mejor la enseñanza. Lo que transforma la práctica no es únicamente vivir experiencias, sino detenernos a interpretarlas para construir nuevos criterios sobre nuestra manera de enseñar.

Introducción

Todos los docentes acumulamos experiencias.

Algunas permanecen con nosotros durante años.

Una clase que salió mucho mejor de lo esperado.

Una actividad que simplemente no funcionó.

Una conversación con un estudiante que cambió nuestra manera de entender el aula.

Un error que todavía recordamos.

Con el tiempo, esas experiencias forman parte de nuestra historia profesional.

Pero existe una pregunta que pocas veces nos hacemos.

¿Toda experiencia produce aprendizaje?

La respuesta probablemente sea no.

Podemos repetir una misma práctica durante muchos años sin llegar a comprender realmente por qué funciona, por qué deja de funcionar o qué podríamos hacer de otra manera.

Por eso, en Maestros con Maestría creemos que la experiencia docente solo se convierte en conocimiento cuando somos capaces de reflexionar sobre ella.

Este artículo forma parte de la serie Los lentes de ProfJavierH en Maestros con Maestría. En el artículo anterior descubrimos que la experiencia docente también produce conocimiento. En los siguientes profundizaremos en dos ideas complementarias: comprenderemos que ningún docente enseña solo y que la identidad docente también se construye en comunidad.


La experiencia no habla por sí sola

Existe una idea muy extendida en la profesión docente.

Pensamos que los años de experiencia garantizan automáticamente una práctica más sólida.

Sin embargo, la experiencia no produce conocimiento de manera automática.

Produce vivencias.

Recuerdos.

Emociones.

Situaciones.

El conocimiento aparece cuando comenzamos a preguntarnos por ellas.

¿Por qué ocurrió esto?

¿Qué decisión tomé?

¿Qué relación hubo entre mi intervención y la respuesta del grupo?

¿Qué aprendí que antes no veía?

La experiencia ofrece la materia prima.

La reflexión le da significado.

Definición

La práctica reflexiva es el proceso mediante el cual los docentes interpretan críticamente sus propias experiencias para comprender mejor su práctica y tomar decisiones pedagógicas más conscientes.

Reflexionar no significa únicamente recordar lo que ocurrió.

Significa construir nuevas comprensiones sobre nuestra manera de enseñar.


Reflexionar no es juzgarse

Cuando escuchamos la palabra reflexión muchas veces pensamos en evaluar nuestros errores.

Pero la práctica reflexiva no consiste en buscar culpables dentro de nosotros mismos.

No se trata de terminar cada jornada preguntándonos únicamente qué hicimos mal.

Reflexionar implica observar con curiosidad.

Preguntarnos por qué una estrategia funcionó.

Qué condiciones favorecieron determinado aprendizaje.

Qué nos sorprendió de nuestros estudiantes.

Qué decisiones volveríamos a tomar.

Y cuáles necesitan cambiar.

La reflexión no busca emitir una sentencia sobre nuestra práctica.

Busca comprenderla.


Las mejores preguntas transforman la práctica

Muchas veces creemos que la experiencia transforma porque acumula respuestas.

Quizá transforme por otra razón.

Porque mejora nuestras preguntas.

Un docente que reflexiona deja de preguntarse únicamente:

«¿Funcionó la actividad?»

Y comienza a preguntarse:

¿Por qué funcionó con este grupo?

¿Qué ocurrió durante la clase que no había previsto?

¿Qué estaba intentando lograr realmente?

¿Qué aprendieron los estudiantes?

¿Qué aprendí yo?

Estas preguntas modifican profundamente la práctica docente porque desplazan la atención desde la técnica hacia la comprensión.

Y cuando cambia la comprensión, también cambian las decisiones.


Reflexionar también es reconocer que seguimos aprendiendo

Uno de los riesgos de la experiencia es creer que ya conocemos suficientemente nuestra práctica.

La reflexión nos recuerda exactamente lo contrario.

Siempre existe algo más por comprender.

Cada grupo plantea preguntas distintas.

Cada generación transforma la escuela.

Cada contexto nos obliga a revisar aquello que dábamos por sentado.

Por eso la práctica reflexiva no es un ejercicio ocasional.

Es una actitud profesional.

No parte de la idea de que el docente sabe poco.

Parte de la convicción de que la enseñanza siempre puede seguir siendo comprendida de maneras más profundas.


La reflexión necesita del diálogo

Reflexionar no significa pensar siempre en solitario.

Muchas veces comprendemos mejor nuestra práctica cuando alguien nos ayuda a verla desde otra perspectiva.

Una conversación con un colega.

Una comunidad profesional.

Una lectura.

Una investigación.

Un estudiante que hace una pregunta inesperada.

Todas estas experiencias amplían nuestra mirada.

Y nos recuerdan que comprender la enseñanza también es un proceso compartido.

Precisamente esa será la conversación del siguiente artículo, donde exploraremos por qué ningún docente enseña solo.

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Preguntas para la reflexión

  • ¿Qué experiencia reciente cambió realmente tu manera de enseñar?
  • ¿Qué preguntas te haces al terminar una clase?
  • ¿Con qué frecuencia reflexionas sobre aquello que salió bien y no solo sobre lo que salió mal?
  • ¿Qué decisiones pedagógicas han cambiado gracias a una reflexión sobre tu propia práctica?

Reflexión final

La enseñanza no cambia únicamente porque acumulamos más años de experiencia.

Cambia cuando somos capaces de detenernos a mirar esa experiencia con otros ojos.

Cada clase representa una oportunidad para comprender mejor a nuestros estudiantes, nuestro contexto y también a nosotros mismos como docentes.

Quizá la práctica reflexiva no consista en encontrar respuestas definitivas.

Quizá consista en desarrollar la capacidad de seguir haciéndonos preguntas incluso después de muchos años de enseñar.

Porque, al final, un docente que deja de aprender sobre su propia práctica también deja de descubrir nuevas posibilidades para transformarla.