Leer el aula | Análisis para repensar la experiencia docente

Volvemos sobre situaciones que vivimos al enseñar para detenernos en aquello que sentimos, interpretamos y decidimos, y descubrir qué cambia cuando las miramos desde otras perspectivas.

Hay experiencias que no terminan cuando acaba la clase

Una clase termina. Los estudiantes salen. Guardamos nuestras cosas y continuamos con la jornada.

Pero algunas situaciones permanecen con nosotros.

Una actividad que no salió como esperábamos. Un estudiante cuya reacción no comprendimos. Un grupo que parecía no escuchar. Una decisión que tomamos rápidamente. Una conversación que nos dejó pensando. Una clase después de la cual seguimos preguntándonos qué ocurrió.

Enseñar está lleno de experiencias así.

Mientras estamos dentro de ellas observamos, sentimos, interpretamos y decidimos casi al mismo tiempo. No siempre tenemos la posibilidad de detenernos a distinguir una cosa de otra.

Leer el aula nace precisamente para volver sobre esas experiencias.

No para juzgar lo que hicimos desde la distancia, sino para mirar nuevamente aquello que vivimos y preguntarnos qué podemos comprender ahora que tenemos la posibilidad de detenernos.

Una experiencia puede cambiar cuando volvemos a mirarla

Cuando estamos dentro de una situación no podemos observarlo todo.

Miramos desde nuestra experiencia, nuestros conocimientos, nuestras expectativas, nuestras emociones y las condiciones concretas en las que estamos enseñando.

También interpretamos lo que hacen nuestros estudiantes.

Un silencio puede parecernos desinterés.

Una tarea sin entregar puede convertirse rápidamente en falta de compromiso.

Una conversación durante la clase puede ser interpretada como falta de atención.

Una respuesta puede parecernos desafiante.

A veces nuestra primera interpretación permite actuar rápidamente. Otras veces, cuando volvemos sobre lo ocurrido, aparecen elementos que no habíamos considerado.

Eso no significa que nuestra primera lectura estuviera necesariamente equivocada.

Significa que una experiencia educativa puede contener más de lo que alcanzamos a observar mientras está ocurriendo.

La práctica reflexiva comienza precisamente ahí:

cuando algo que parecía evidente vuelve a convertirse en pregunta.

¿Qué significa Leer el aula?

Leer el aula es un espacio de análisis para repensar la experiencia docente. Partimos de situaciones que vivimos al enseñar para explorar lo que ocurre con nuestros estudiantes, lo que sentimos como docentes, las interpretaciones que construimos, las relaciones que establecemos y las condiciones que atraviesan cada experiencia.

El estudiante forma parte de esta mirada porque enseñar es una experiencia profundamente relacional.

Lo que hacen nuestros estudiantes nos provoca preguntas, emociones y decisiones. Sus respuestas modifican nuestras clases. Sus silencios pueden desconcertarnos. Sus historias pueden ayudarnos a comprender situaciones que inicialmente habíamos interpretado de otra manera.

Pero también nosotros formamos parte de aquello que estamos intentando comprender.

Por eso no observamos solamente qué hizo un estudiante.

Nos preguntamos también qué vimos nosotros, cómo lo interpretamos, qué sentimos frente a lo ocurrido, desde qué experiencias construimos esa interpretación y qué estaba sucediendo en la relación entre quienes compartíamos el aula.

No buscamos encontrar rápidamente una explicación correcta, sino volver sobre aquello que vivimos para distinguir lo que observamos, lo que interpretamos y lo que todavía necesitamos comprender.

Volver sobre la experiencia

Cada análisis comienza con una situación.

No necesariamente con un gran problema.

Puede ser una maestra intentando recuperar una y otra vez la atención de su grupo.

Un docente que explicó varias veces una actividad y termina preguntándose por qué sus estudiantes siguen sin comprender qué tienen que hacer.

Una profesora que llega a casa todavía pensando en algo que un estudiante le dijo.

Un maestro experimentado que descubre que una manera de relacionarse con sus grupos que durante años había funcionado comienza a producir resultados diferentes.

Una situación aparentemente cotidiana puede abrir preguntas sobre nuestros estudiantes, pero también sobre nosotros mismos, nuestras expectativas, nuestras emociones, nuestras formas de interpretar y las condiciones en las que estamos enseñando.

Por eso el movimiento de Leer el aula es sencillo:

experiencia → pausa → análisis y relectura → nuevas preguntas

Primero volvemos a lo ocurrido.

Después intentamos distinguir lo que observamos de aquello que interpretamos.

Nos preguntamos qué sentimos y cómo eso pudo influir en nuestra manera de comprender la situación.

Miramos las relaciones, el contexto y las condiciones que estaban presentes.

Y finalmente regresamos a la experiencia para descubrir si todavía significa lo mismo.

Mirar desde más de una perspectiva

Una experiencia docente rara vez puede comprenderse desde una sola dimensión.

A veces necesitaremos mirar con mayor atención a nuestros estudiantes y sus contextos.

En otras ocasiones será necesario detenernos en nuestras emociones, expectativas o experiencias previas.

Habrá situaciones en las que las condiciones institucionales ayuden a explicar parte de lo ocurrido.

Y otras nos llevarán hacia transformaciones culturales, sociales o tecnológicas que también están entrando en nuestras aulas.

Por eso Leer el aula no propone una plantilla rígida para analizar cada experiencia.

Nos interesa aprender a mover la mirada.

Entre lo que ocurrió y lo que interpretamos.

Entre el estudiante y el docente.

Entre la experiencia individual y las relaciones que la atraviesan.

Entre lo que sucede dentro del aula y las condiciones culturales, sociales e institucionales que también forman parte de ella.

La intención no es complicar innecesariamente cada situación.

Es evitar que una explicación demasiado rápida cierre preguntas que todavía podrían ayudarnos a comprender.

Comprender no significa justificar

Volver sobre una experiencia tampoco significa relativizar todo lo ocurrido.

Comprender el contexto de un estudiante no implica que cualquier comportamiento sea aceptable.

Reconocer nuestras emociones como docentes no significa que todas nuestras reacciones hayan sido necesariamente adecuadas.

Identificar condiciones institucionales tampoco elimina nuestra capacidad de tomar decisiones.

La reflexión puede ayudarnos precisamente a colocar mejor esas responsabilidades.

¿Qué ocurrió?

¿Qué dependía de nosotros?

¿Qué correspondía al estudiante?

¿Qué estaba relacionado con las condiciones del aula o de la escuela?

¿Qué necesitaba otro tipo de acompañamiento?

¿Y qué quizá estaba fuera de nuestras posibilidades individuales de intervención?

Comprender mejor una experiencia no elimina la necesidad de actuar.

Puede ayudarnos a actuar sin reducir la complejidad de aquello que estamos viviendo.

No buscamos recetas rápidas

Después de una situación difícil es comprensible preguntarnos:

¿Qué debería haber hecho?

Pero en Leer el aula esa no siempre será nuestra primera pregunta.

Antes podemos detenernos en otras:

¿Qué ocurrió realmente?

¿Qué observamos?

¿Qué estamos suponiendo?

¿Qué sentimos mientras ocurría?

¿Por qué interpretamos la situación de esa manera?

¿Qué sabemos del estudiante y qué creemos saber?

¿Qué estaba ocurriendo en nuestra relación?

¿Qué condiciones estaban influyendo?

¿Qué otras interpretaciones son posibles?

¿Qué todavía necesitamos comprender?

Tal vez después podamos preguntarnos qué hacer.

Pero antes queremos concedernos algo que durante la vida cotidiana de la escuela no siempre tenemos:

tiempo para pensar lo vivido.

Ve y escucha el último episodio

Pensar nuestra experiencia entre docentes

Leer el aula forma parte de Entre maestros porque creemos que la experiencia docente también puede comprenderse colectivamente.

Hay situaciones que vivimos como si fueran solamente nuestras y que, cuando comenzamos a hablar de ellas, descubrimos que también atraviesan la experiencia de otros docentes.

La frustración cuando un grupo no responde.

La duda después de tomar una decisión.

El cansancio de intentar atender demasiadas cosas simultáneamente.

La sensación de no comprender a un estudiante.

La incertidumbre cuando algo que antes funcionaba deja de hacerlo.

Compartir estas experiencias no significa que todos tengamos que interpretarlas de la misma manera.

Precisamente lo contrario.

Escuchar otras perspectivas puede mostrarnos aspectos que nuestra propia posición no nos permitía observar.

Nuestra mirada es necesaria, pero nunca es la única posible.

Por eso Leer el aula no pretende decirnos qué deberíamos haber pensado.

Busca crear un espacio donde podamos volver sobre lo vivido, analizarlo desde diferentes perspectivas y permitir que aparezcan nuevas preguntas.

Lecturas del aula

Cada episodio parte de una situación de la vida docente y la convierte en una oportunidad para detenernos a pensar.

Encontrarás experiencias relacionadas con nuestros estudiantes, nuestras emociones, las decisiones que tomamos, las relaciones que construimos y las transformaciones culturales e institucionales que atraviesan actualmente la escuela.

No necesitas haber vivido exactamente la misma situación para reconocerte en ellas.

A veces basta una pregunta para volver a mirar una experiencia propia.

¿Alguna vez me ha pasado algo parecido?

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