Bienestar integral: emociones, cuidado y bienestar docente
Enseñar también nos afecta. Lo que ocurre en la escuela atraviesa nuestras emociones, nuestro cuerpo y nuestra vida. Comprenderlo es parte de aprender a sostener la profesión.
Bienestar integral
¿Cómo nos está haciendo sentir la experiencia de enseñar?
No siempre hacemos esa pregunta.
Durante una jornada docente podemos escuchar, acompañar, explicar, decidir, contener, resolver conflictos, cambiar una planeación, preocuparnos por un estudiante y tratar de responder a múltiples demandas casi simultáneamente.
Y mientras todo eso ocurre, también nos ocurren cosas a nosotros.
Nos cansamos.
Nos frustramos.
Nos enojamos.
Nos preocupamos.
Algunas situaciones nos acompañan después de salir de la escuela.
Otras nos producen satisfacción, tranquilidad, entusiasmo o nos recuerdan por qué elegimos enseñar.
Todo eso también forma parte de la experiencia docente.
El bienestar docente es la posibilidad de vivir y sostener la profesión cuidando nuestra salud física, emocional y relacional, reconociendo tanto nuestras necesidades como los límites de nuestra responsabilidad profesional.
Por eso hablar de bienestar no significa solamente hablar de autocuidado.
También significa aprender a comprender qué nos pasa mientras enseñamos.
Lo que sentimos también forma parte de enseñar
Hay emociones docentes de las que hablamos con facilidad.
La satisfacción de ver aprender a un estudiante.
El cariño hacia un grupo.
La alegría cuando una actividad funciona.
Pero existen otras experiencias que resultan más difíciles de reconocer.
La frustración después de una clase.
El enojo frente a una conducta.
La culpa de sentir que no hicimos suficiente.
La impotencia cuando conocemos una situación que no podemos resolver.
El miedo a equivocarnos.
El cansancio de sentir que debemos estar disponibles para todos.
Incluso la sensación de que algo que antes disfrutábamos comienza a pesarnos.
Sentir estas emociones no explica por sí mismo lo que ocurre ni determina cómo debemos actuar.
Pero aprender a reconocerlas puede ayudarnos a comprender mejor nuestra propia experiencia profesional.
No todo lo que nos pesa se resuelve individualmente
Cuando hablamos de bienestar docente existe un riesgo: convertir cualquier dificultad profesional en un problema que cada maestro debe aprender a gestionar personalmente.
Descansa mejor.
Organízate.
Sé resiliente.
Aprende a poner límites.
Haz ejercicio.
Administra mejor tu tiempo.
Algunas de esas prácticas pueden ayudarnos. Pero no todas las fuentes del malestar docente se encuentran dentro del individuo.
También existen condiciones laborales, demandas institucionales, relaciones profesionales, transformaciones educativas y situaciones sociales que atraviesan nuestra experiencia.
Por eso cuidar nuestro bienestar también requiere aprender a distinguir:
qué podemos transformar personalmente;
qué necesitamos conversar y construir con otros;
qué corresponde a la institución;
qué requiere apoyo especializado;
y qué simplemente excede nuestra responsabilidad como docentes.
Comprender nuestros límites no significa dejar de comprometernos.
Puede ayudarnos a colocar nuestra responsabilidad donde realmente corresponde.
Cuidarnos no significa dejar de comprometernos
A veces la profesión docente construye una relación difícil con el cuidado.
Podemos llegar a interpretar el cansancio como evidencia de compromiso.
Sentir culpa al poner un límite.
Llevar trabajo a casa constantemente.
O asumir que preocuparnos más significa necesariamente ayudar mejor.
Pero una profesión que depende permanentemente del agotamiento de quienes la ejercen difícilmente puede sostenerse de manera saludable.
El cuidado no debería aparecer únicamente cuando ya no podemos más.
También puede formar parte de nuestra manera cotidiana de habitar la docencia.
Esto implica reconocer nuestras necesidades, construir límites, cuidar vínculos, pedir ayuda cuando la necesitamos y aceptar algo especialmente difícil:
no podemos resolver individualmente todo aquello que alcanzamos a comprender.
¿Qué encontrarás en Bienestar integral?
Este es un espacio para pensar cómo vivimos emocional, física y humanamente la experiencia de enseñar.
Aquí encontrarás reflexiones sobre:
- emociones que aparecen en la vida docente;
- cansancio, estrés y agotamiento profesional;
- salud física y emocional;
- frustración, culpa, enojo, incertidumbre e impotencia;
- límites y responsabilidad docente;
- autocuidado y prácticas de cuidado;
- equilibrio entre vida profesional y personal;
- condiciones escolares que afectan nuestro bienestar;
- vínculos que nos ayudan a sostener la profesión;
- formas más humanas y sostenibles de vivir la docencia.
No buscamos convertir el bienestar en una nueva obligación:
“Además de hacerlo todo, ahora también tienes que estar bien”.
Nos interesa construir algo distinto.
Un espacio donde podamos hablar de lo que enseñar produce en nosotros sin reducirlo a debilidad personal ni convertir cada dificultad en una receta de autocuidado.
Sostener la profesión también importa
Cuidarnos no significa aspirar a una experiencia docente permanentemente tranquila.
Enseñar implica relaciones humanas y, por tanto, también incertidumbre, conflicto, esfuerzo, preocupación y momentos difíciles.
El bienestar no consiste en eliminar todo eso.
Consiste también en desarrollar maneras de reconocer lo que sentimos, comprender de dónde puede provenir, construir apoyos y saber cuándo algo necesita cambiar.
Porque algunas veces podremos cambiar nuestra manera de actuar.
Otras necesitaremos poner un límite.
A veces necesitaremos conversar con otros maestros.
En determinadas situaciones necesitaremos ayuda profesional.
Y habrá problemas cuya solución no depende de nosotros.
Aprender a reconocer esas diferencias también forma parte del cuidado.
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