Marca personal docente: no es ego, es posicionamiento (aunque a veces incomode)
Introducción
“No es ego, es posicionamiento.”
Y aun así, a muchos docentes esa frase nos provoca ruido.
A muchos nos pasa que cuando escuchamos marca personal docente pensamos en selfies, frases motivacionales forzadas o en colegas que parecen más influencers que maestros o de plano creadores de contenido. Esto casi no se dice, pero a veces genera rechazo, incomodidad o hasta culpa:
“Yo estudié para enseñar, no para venderme”.
Pero el problema no es tan simple.
En un sistema educativo donde el trabajo docente suele ser invisible, poco reconocido y mal comunicado, la marca personal empieza a aparecer no como vanidad, sino como una forma de existir profesionalmente.
La pregunta no es si deberíamos tener marca personal.
La pregunta es desde dónde la construimos.
Identidad: ¿quién eres como docente, más allá del aula?
La identidad docente no nace en redes sociales.
Se construye todos los días en el aula, en la forma en que explicas, acompañas, corriges, escuchas y hasta en cómo sobrevives a una junta eterna.
Desde la psicología, la identidad profesional es la manera en que nos reconocemos en nuestro rol.
Cuando esa identidad no se nombra, no se comunica y no se valora, aparece el desgaste. No es flojera, es desgaste identitario.
Muchos docentes ya tienen una marca personal sin saberlo:
El profe que siempre explica con ejemplos claros.
La maestra que acompaña emocionalmente a sus alumnos.
Quien domina evaluación, proyectos o disciplina.
El problema es que eso casi siempre se queda encerrado en el salón. Y lo que no se visibiliza, no existe para otros espacios profesionales.
Construir marca personal no es inventarte un personaje.
Es ponerle palabras a lo que ya haces bien.
Redes: la vitrina incómoda pero necesaria
Aquí entra el tema que incomoda: las redes sociales.
Social y culturalmente, al docente se le educó para la discreción, no para la visibilidad. “Haz bien tu trabajo y ya”, nos dijeron. Pero hoy el contexto cambió: las oportunidades, los proyectos, las colaboraciones y hasta el reconocimiento profesional pasan —nos guste o no— por lo digital.
Las redes no son el problema. El problema es usarlas sin sentido.
Cuando las redes se usan solo para aparentar, se nota. Cuando se usan desde la experiencia real del aula, conectan.
No se trata de subir todo. Se trata de compartir con intención: una reflexión, una estrategia que te funcionó, una duda honesta. Eso también es marca personal docente.
Y no, no todos tienen que hacer videos ni volverse creadores de contenido. Pero entender cómo funcionamos en lo digital hoy es parte de la alfabetización profesional docente.
Entre lo personal y lo profesional
Desde la antropología educativa, el docente siempre ha sido una figura pública en su comunidad. Hoy esa comunidad se amplió: ya no es solo la escuela, también es internet.
Por eso la marca personal no va de exhibirse, sino de poner límites: qué comparto, qué no, desde dónde hablo y para quién.
Una marca personal sana no te exige estar siempre activo. Te permite ser coherente entre lo que haces, lo que dices y lo que muestras.
Y eso, aunque no lo parezca, también cuida la salud mental.
Preguntas para la reflexión docente
¿Qué te identifica como docente, más allá de tu puesto o nivel educativo?
¿Te incomoda la idea de visibilizar tu trabajo? ¿Por qué?
¿Qué parte de tu experiencia podría ayudar a otros colegas si la compartieras?
Cierre reflexivo
Hablar de marca personal docente no es rendirse al mercado ni traicionar la vocación.
Es reconocer que nuestro trabajo tiene valor y que ese valor también merece ser nombrado.
No todos los docentes necesitan una cuenta viral.
Pero todos merecemos que lo que hacemos no se pierda en el silencio.
Aquí, entre colegas, vale decirlo claro:
construir marca personal no te hace menos maestro.
Puede ayudarte a seguir siéndolo sin desaparecer en el intento.
Porque antes que likes o seguidores, lo que necesitamos es reconocimiento con sentido.
Y eso también se construye en comunidad.




