Maestros con maestría: seguir cuando el cuerpo y la mente ya están cansados. Episodio 6
Ser maestro no es solo pararte frente a un grupo y explicar contenidos.
Ser maestro es sostener: emociones, responsabilidades, expectativas y, muchas veces, silencios.
En el discurso oficial se habla mucho de vocación, de resiliencia, de compromiso. Pero poco se habla de qué pasa cuando el maestro también se cansa, cuando el cuerpo empieza a fallar o cuando la mente ya no puede seguir el ritmo que la escuela exige.
Y aun así… seguimos.
El cansancio que no se ve
Hay un tipo de agotamiento que no siempre se nota en el aula.
No aparece en los formatos, no se reporta en las juntas y rara vez se menciona en los consejos técnicos.
Es el cansancio del maestro que:
Se levanta sin saber cómo va a reaccionar su cuerpo ese día
Llega a la escuela con dolor, ansiedad o fatiga
Sonríe frente al grupo mientras por dentro intenta mantenerse en pie
Muchas veces no es flojera.
No es falta de compromiso.
Es el cuerpo y la mente diciendo “ya no puedo igual que antes”.
Sin embargo, el sistema educativo sigue funcionando como si todos los docentes estuviéramos siempre bien, siempre disponibles, siempre fuertes.
Hay muchas razones para estos, en ocasiones es ansiedad como enfermedad, estrés crónico, alguna neurodiversidad no diagnosticada o incluso disautonomía.
Burnout docente: cuando la vocación no alcanza
Nos enseñaron que amar la docencia lo resuelve todo.
Que si te gusta enseñar, el cansancio se aguanta.
Que faltar es casi un pecado profesional.
Pero el burnout docente no aparece por falta de amor a la profesión.
Aparece por sobrecarga, por exigencias constantes, por poca comprensión y por la idea de que el maestro tiene que poder con todo.
Cuando además se suma una condición de salud —visible o invisible— el reto se vuelve doble:
Explicar lo que te pasa
Justificar por qué hoy no puedes igual que ayer
Y eso desgasta profundamente.
Seguir… pero no a cualquier costo
Muchos maestros seguimos enseñando a pesar de los retos:
Porque hay alumnos esperando
Porque hay responsabilidades económicas
Porque sentimos culpa si paramos
Seguir no siempre es una decisión heroica.
A veces es una necesidad.
Pero aquí viene una reflexión clave: seguir no debería significar abandonarnos, es necesario siempre propiciar el autocuidado.
Seguir también puede implicar:
Pedir apoyo
Hacer adecuaciones
Reconocer límites
Aceptar que hoy podemos menos que antes
Eso no nos hace menos maestros.
Nos hace maestros más conscientes.
La escuela como comunidad (también para los docentes)
Se habla mucho de inclusión para los alumnos, y con razón.
Pero pocas veces se piensa la inclusión del maestro.
¿Quién cuida al que cuida?
¿Quién acompaña al que siempre acompaña?
Cuando una escuela logra convertirse en comunidad —directivos empáticos, colegas solidarios, acuerdos humanos— el peso se reparte. Y entonces, seguir es un poco menos pesado.
Maestría no es aguantarlo todo
Tener maestría no es solo acumular títulos o saber teoría.
La verdadera maestría docente también está en:
Conocerte
Escucharte
Poner límites
Cuidarte
Porque un maestro que se cuida no abandona la profesión: la sostiene por más tiempo.
Te dejo el link a un post sobre «Señales tempranas de burnout»
Para cerrar…
Seguir enseñando en medio del cansancio es una realidad que muchos viven, pero pocos dicen en voz alta.
Hablar de ello no nos debilita; nos humaniza.
Si eres maestro y te has sentido así, este espacio también es para ti.
No estás solo.
Y no tienes que poder con todo todo el tiempo.
