Ser responsable no significa ignorar tu salud: culpa docente y autocuidado en la escuela

Introducción: cuando cuidarte parece una falta grave

A muchos nos pasa… amaneces mal, cansado, con dolor o emocionalmente rebasado, pero aun así piensas: “¿Cómo voy a faltar?”, “¿Quién va a cubrir el grupo?”, “Van a decir que no soy profesional”.

Esto casi no se dice, pero en el magisterio cuidarte a veces se vive como un acto egoísta. Pedir permiso, faltar por salud mental o decir “no puedo hoy” carga una culpa pesada, como si la responsabilidad docente significara olvidarte de ti.

Spoiler: no lo significa.
Y de eso va este texto: de cuestionar esa idea tan instalada de que parar es fallar.


La culpa docente: una emoción que se aprende en la escuela

La culpa no nace sola. Se aprende.

Desde la formación inicial escuchamos mensajes como:
“Un buen maestro nunca falla”,
“Los alumnos siempre son primero”,
“Si no vas, alguien más paga las consecuencias”.

Con el tiempo, esa idea se vuelve interna. Aunque nadie nos lo diga, nos vigilamos solos. Desde la psicología, esto se llama culpa internalizada: cuando te castigas por no cumplir expectativas que el sistema normalizó.

Así, faltar por salud se siente peor que ir enfermo a dar clase.


Ir a la escuela enfermo también es una decisión pedagógica (y no siempre buena)

¿Cuántas veces has dado clase con fiebre, dolor de garganta, migraña o agotamiento emocional? No por valentía, sino por culpa.

En el aula eso se nota:

  • Menos paciencia.

  • Menor claridad al explicar.

  • Más irritabilidad.

  • Más errores.

No es flojera, es desgaste. Y desde la práctica real, un docente mal no enseña mejor, solo se exige más.

Cuidarte también impacta en el aprendizaje, aunque nadie lo ponga en un formato oficial.


Pedir ayuda no te hace menos profesional

En la cultura escolar mexicana, pedir apoyo suele leerse como debilidad. Pero pensemos esto desde lo social: ¿por qué un sistema que se dice formativo castiga tanto la vulnerabilidad?

Un docente que pide ayuda:

  • Reconoce límites.

  • Previene problemas mayores.

  • Modela autocuidado frente a sus alumnos.

Eso también educa, aunque no venga en el programa analítico.


Autocuidado: no es spa, es supervivencia docente

Cuando hablamos de autocuidado no hablamos de retiros caros ni frases motivacionales. Hablamos de cosas concretas y poco románticas:

  • Dormir.

  • Ir al médico.

  • Tomar descansos reales.

  • Decir “no puedo con todo”.

Desde una mirada antropológica, el magisterio ha romantizado el sacrificio. Pero sacrificarte no es sinónimo de compromiso.


La responsabilidad mal entendida: cargarlo todo solo

Ser responsable no es absorber todas las fallas del sistema. No es cubrir ausencias eternamente, ni normalizar jornadas imposibles, ni sostener la escuela a costa de tu salud.

La verdadera responsabilidad docente también implica:

  • Cuidarte para poder sostenerte en el tiempo.

  • Reconocer que no eres reemplazable como persona, aunque sí como función.

Eso duele aceptarlo, pero también libera.

Preguntas para la reflexión docente

  • ¿Qué sientes cuando piensas en faltar por tu salud?

  • ¿A quién estás cuidando cuando te descuidas?

  • ¿Qué mensaje das a tus alumnos cuando te exiges hasta romperte?

Cierre: no tienes que demostrar tu vocación enfermándote

Esto no va de abandonar la profesión ni de desentenderte de tus alumnos. Va de algo más humano: seguir siendo docente sin desaparecer en el intento.

Si hoy necesitas parar, pedir ayuda o bajar el ritmo, no estás fallando. Estás cuidando la herramienta más importante de tu práctica: tú.

Aquí estamos muchos aprendiendo a soltar la culpa, a acompañarnos y a recordarnos que la educación también se sostiene desde el cuidado mutuo.

Encuentra más post sobre: Bienestar integral (Mente, cuerpo y alma)