La escuela que nos toca: Algunas clases me cambiaron más a mí que a mis alumnos
Inicio » Ser docente hoy » Algunas clases me cambiaron más a mí que a mis alumnos
Hay clases que siguen enseñándonos años después. Una reflexión sobre cómo la experiencia de enseñar también transforma a quienes educan.
Hay clases que terminan y siguen ocurriendo mucho después.
No porque hayan sido perfectas.
No porque todo saliera bien.
Ni porque los estudiantes las recuerden necesariamente como momentos extraordinarios.
Sino porque algo ocurrió en ellas que modificó nuestra manera de entender la enseñanza.
A veces fue una pregunta.
A veces una conversación inesperada.
A veces un error.
A veces una situación que nos obligó a replantear algo que dábamos por hecho.
Y aunque solemos pensar la escuela como un espacio donde los docentes transformamos a los estudiantes, con los años descubrimos algo más complejo:
hay experiencias de aula que también terminan transformándonos profundamente a nosotros.
Algunas clases dejan aprendizajes en los estudiantes. Otras dejan preguntas que continúan acompañando a quienes las enseñaron.
La idea de que enseñar siempre transforma a otros
Durante mucho tiempo hemos imaginado la enseñanza desde una dirección bastante clara.
El docente enseña.
El estudiante aprende.
El conocimiento circula.
La transformación ocurre.
Y aunque esa mirada contiene una parte importante de verdad, también deja fuera algo fundamental.
Quienes enseñamos no observamos la educación desde afuera.
Participamos en ella.
Nos involucramos.
Tomamos decisiones.
Nos equivocamos.
Interpretamos situaciones.
Y vivimos experiencias que también terminan modificando nuestra forma de pensar.
Por eso algunas clases no solo producen aprendizajes en quienes están sentados frente a nosotros.
También producen aprendizajes en quien está intentando acompañar el proceso.
Lo que esta época nos exige mirar
La escuela contemporánea suele concentrar nuestra atención en aquello que podemos medir.
Resultados.
Indicadores.
Evidencias.
Objetivos alcanzados.
Desempeños observables.
Y aunque todo eso tiene importancia, a veces genera una pregunta implícita:
¿Qué lograron aprender los estudiantes?
Sin embargo, rara vez nos detenemos a pensar algo distinto:
¿Qué aprendimos nosotros mientras intentábamos enseñar?
Porque la experiencia docente no ocurre únicamente en el plano técnico.
También ocurre en el plano humano.
Y muchas veces las transformaciones más profundas aparecen precisamente ahí.
Cuando una experiencia nos obliga a revisar una certeza.
Cuando una situación nos confronta con nuestros límites.
Cuando descubrimos que la realidad es más compleja de lo que habíamos imaginado.
La contradicción de una profesión donde también aprendemos
Existe una tensión interesante dentro de la docencia.
Se espera que enseñemos.
Pero pocas veces hablamos de cómo seguimos aprendiendo mientras enseñamos.
La profesión suele colocarnos en el lugar de quien acompaña.
De quien orienta.
De quien facilita.
De quien guía.
Y eso puede hacernos olvidar que la experiencia educativa también continúa formándonos.
A veces una clase nos enseña algo sobre nuestros estudiantes.
A veces nos enseña algo sobre la escuela.
Y en ocasiones nos enseña algo sobre nosotros mismos.
Sobre nuestras expectativas.
Nuestros prejuicios.
Nuestros temores.
Nuestras formas de interpretar ciertas situaciones.
Nuestras maneras de relacionarnos con el aprendizaje.
Y quizá ahí aparece una de las dimensiones más profundas de la práctica reflexiva:
reconocer que la experiencia educativa nunca transforma solamente a una de las partes.
Muchas veces esos aprendizajes aparecen cuando dejamos de intentar dirigir completamente la experiencia educativa y comenzamos a escuchar más.
Las clases que permanecen con nosotros
Con los años, muchos docentes descubren que recuerdan algunas clases con una claridad sorprendente.
No necesariamente porque hayan sido exitosas.
A veces sucede exactamente lo contrario.
Recordamos aquella actividad que no funcionó.
La conversación que nos descolocó.
La pregunta que no supimos responder.
El conflicto que nos obligó a cambiar de perspectiva.
La situación que nos hizo comprender algo importante sobre nuestros estudiantes.
O sobre nosotros mismos.
Y quizá por eso esas experiencias permanecen.
Porque no fueron únicamente eventos pedagógicos.
Fueron momentos de transformación.
Momentos donde la práctica dejó de ser rutina para convertirse en aprendizaje profesional y humano.
En ocasiones esas clases permanecen asociadas a estudiantes concretos que siguen ocupando un lugar especial en nuestra memoria profesional.
Lo estructural detrás de estas experiencias
Tal vez no es casualidad que algunas clases nos marquen tanto.
La escuela es uno de los pocos espacios donde convivimos constantemente con la diversidad humana.
Diferentes historias.
Diferentes formas de pensar.
Diferentes contextos.
Diferentes maneras de comprender el mundo.
Y cuando trabajamos durante años en medio de esa diversidad, resulta difícil salir exactamente iguales.
Porque enseñar implica exponernos continuamente a experiencias que desafían nuestras certezas.
La escuela nos confronta con preguntas para las que no siempre existen respuestas definitivas.
Y quizá ahí radica parte de su capacidad transformadora.
No solo forma estudiantes.
También sigue formando docentes.
Tal vez estas experiencias ayudan a comprender por qué la docencia no solo transforma estudiantes, sino también a quienes acompañan esos procesos.
Suscríbete y forma parte de esta comunidad docente.
Preguntas para reflexionar
- ¿Qué clase recuerdas porque transformó tu manera de entender la enseñanza?
- ¿Qué experiencias de aula te han obligado a replantear ideas que dabas por seguras?
- ¿Qué has aprendido sobre ti mismo gracias a situaciones que ocurrieron dentro del aula?
Reflexión abierta
Tal vez algunas de las clases más importantes de nuestra trayectoria no fueron necesariamente aquellas donde sentimos que enseñamos mejor.
Quizá fueron aquellas donde aprendimos algo que todavía nos acompaña.
Aquellas que nos hicieron cambiar una mirada.
Replantear una práctica.
Escuchar de otra manera.
Comprender algo que antes no habíamos visto.
Porque la docencia no consiste únicamente en transmitir conocimientos.
También implica dejarnos afectar por la experiencia de acompañar a otros seres humanos en sus procesos de aprendizaje.
Y quizá por eso algunas clases permanecen con nosotros durante años.
No porque recordemos exactamente lo que enseñamos.
Sino porque seguimos recordando lo que aprendimos mientras intentábamos enseñar.
Sigamos dialogando sobre …
📚 Serie. La docencia que nos está tranformando
📚 La realidad a la que nos enfrentamos
📚 La escuela nos ha transformado
💬 Descubrir que enseñar también te transforma
💬 Hay alumnos que nunca olvidamos y no siempre sabemos por qué
💬 Lo que aprendí de mis estudiantes cuando dejé de intentar controlarlo todo
💬 Algunas clases me cambiaron más a mí que a mis alumnos




